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domingo, 26 de abril de 2009

El hombre es el salvaje



Bien nos dice José Luis Calvario: No hay nada como ponerse en la piel del otro para llegar a una mayor comprensión. Algo así es lo que propone como punto de partida ‘El Planeta de los Simios’, donde los animales actúan como seres racionales, como la raza dominante del planeta, y los humanos son bestias salvajes, carentes de inteligencia y peligrosos para la convivencia de la sociedad avanzada.


Genial el momento en el que unos alegres gorilas se fotografían junto a un puñado de cadáveres humanos. ¿Asqueroso? Vaya, pues sí. Lo mismo que cuando se matan animales para crear costosos productos de consumo (abrigos de pieles o bolsas) o simplemente para probar la puntería.


Hay quien piensa que la crueldad es fruto del ser humano y quien piensa que lo es de la naturaleza. Desde luego, en ‘El Planeta de los Simios’ nos señalan como el mal del planeta, de un modo muy similar a como lo hiciera, mucho después, el agente Smith en ‘Matrix’ (“el hombre es un virus”).


En el amargo final de la película dirigida por Franklin J. Schaffner, sin lugar a dudas uno de los mejores de toda la Historia del Cine, un enfurecido Charlton Heston maldice a la raza humana, golpeando el agua y la tierra como uno de esos simios a los que se ha enfrentado poco antes.


Un grito desgarrador que encaja perfectamente con la imagen de cierto monumento simbólico (la estatua de la libertad) en no menos significativo estado. Una estampa para la eternidad de una película que debería ser vista y analizada por todos; y cuanto antes, mejor; y de esto hay oportunidad en el cineclub “Oro negro” al final de la proyección.


“El Planeta de los Simios” (‘Planet of the Apes’, 1968) se basa en una novela de Pierre Boulle. Básicamente, una grupo de astronautas aterrizan de forma brusca en lo que parece ser un planeta desierto, pero habitable. Tras recorrer una larga distancia, los tres hombres (hay una mujer pero muere en la nave) comprenderán que la evolución de este escenario no tiene nada que ver con la que conocían. Los seres humanos son animales y los simios son… humanos.


Franklin J. Schaffner se permite el lujo de retrasar la aparición de las monstruosas criaturas, que es precisamente lo que el espectador quiere ver desde el principio, para provocar que se mantenga en tensión y expectante ante cualquier acontecimiento extraño que aparezca en pantalla. De hecho, todos, seguro, nos llevamos un pequeño susto la primera vez que vemos a los mal llamados “espantapájaros” en lo alto de la colina.


En este sentido, hay que mencionar la memorable banda sonora de Jerry Goldsmith, prueba irrefutable de que una melodía no tiene que ser “tarareable” para ser magistral. Schaffner dota al film de un aire tan seco y hostil como el propio planeta que habitan los simios. A veces llega a resultar asfixiante la situación del personaje de Heston y cuando éste se lanza a correr, es como si nos arrastrara a todos.


La película es un prodigio de ritmo y es que nos encontramos ante una historia de mucho diálogo y detalles complejos, pero que no se olvida del entretenimiento y el espectáculo.

Por supuesto, el alma de la película es Charlton Heston. Es el protagonista, nuestro referente como espectadores, y quien debe pasar por todo ese viaje de pesadilla hasta encontrarse con su destino. Heston interpreta a un investigador decepcionado con la marcha de la humanidad y deseoso de encontrar algo que dé sentido a la existencia.


Con gestos serios, frases ácidas, risa sincera y voluntad firme, el personaje debe ir modificando su conducta para no acabar convertido en un mero adorno para el museo simio. Su particular rostro le viene a la perfección a un hombre que trata de poner orden en lo que le rodea; que no se explica cómo es posible que unos animales hayan llegado a controlar un planeta, una zona que debería estar gobernada por seres como él, humanos inteligentes.


Y como hombre que es, se comporta de forma violenta y hostil hacia los animales, puesto que él debe ser el que esté por encima. Algo que queda reflejado en esa mítica frase que se libera poderosamente de su dolorida garganta, atrapado en una red y justo cuando los simios van a agarrarlo, ¡Quítame las manos de encima!.


La cinta “El planeta de los simios” filmada en el año 1968, nominada al Oscar en 1969 por mejor banda sonora y mejor vestuario, será proyectada por el cineclub “Oro negro” del FLS de la Sección 10 el viernes 8 de mayo en el auditorio de la sucursal transportes de la Sociedad Cooperativa de Producción del Frente Liberal sindicalista, situado en la calzada de los Petroleros s/n, (a un lado de la delegación de tránsito) colonia Petrolera de Minatitlán. La entrada es libre y para todo público.


Pies de foto:

01-La mujer muerta en el viaje

02-Los “espantapájaros” en la colina.

03-Cacería de humanos.

04-Sonrían para la foto.

05-La ciudad de los simios


Domina el egoísmo


Una mirada cruda sobre la naturaleza humana

El planeta de los simios es una película basada en la novela homónima de Pierre Boulle. Una historia de ciencia ficción muy original, muy bien montada y con un final sorprendente. Es destacable el trabajo de maquillaje de los simios, la ambientación, muy lograda y convincente, y los efectos especiales, que junto con el ambiente en que se estrenó la película (la llegada del hombre en la Luna, la Guerra Fría) e indirectamente el film de Stanley Kubrick, 2001 Odisea del Espacio, de ese mismo año, contribuyeron a su enorme éxito, originando toda una saga (cuatro versiones más y hasta serie de tv) que es un clásico de la ciencia ficción.


En el año 3978 una nave espacial procedente de la Tierra realiza un acuatizaje forzoso en un planeta desconocido. Los astronautas, al mando del coronel George Taylor (Charlton Heston) inspeccionan los alrededores y descubren que en este planeta los seres inteligentes y especie dominante son unos simios que comparten características físicas con los chimpancés (civiles), gorilas (militares) y orangutanes (religiosos y políticos) de la Tierra, pero que han desarrollado una civilización militarizada y además hablan inglés.


Los humanos de ese mundo, en cambio, tienen facultades sociales muy poco desarrolladas, son incapaces de hablar y son cazados en batidas militares y tratados como ganado por los simios dirigentes.


Taylor es hecho prisionero, sufriendo una lesión de garganta que le impide hablar, por tanto lo confunden con uno de los humanos de ese planeta y los simios lo llevan a su poblado junto con otros humanos cazados en la misma batida. Junto con Taylor cae una hembra joven de hermosa apariencia, Nova (Linda Harrison), que le es dada por los simios a Taylor con fines de apareamiento.


En el poblado, unos simios científicos dirigidos por el sectario Dr. Zaius, lo estudian detenidamente y filosofan sobre las características de Taylor. Con el tiempo, Taylor se gana la confianza de dos jóvenes chimpancés académicos; uno de ellos es una hembra chimpance Zira (Kim Hunter) y su compañero Cornelius (Roddy McDowall). Después de que descubren que puede hablar, el interés mutuo aumenta y las conversaciones indican a Taylor que los humanos de ese lugar alguna vez fueron especie hegemónica y dominante y que fueron subyugados por los monos siglos atrás. Finalmente, con la ayuda de ellos, logra escapar con su fiel acompañante Nova.


En su huída va avanzando a lo largo de una costa; Taylor descubre evidencias arqueológicas que indican la existencia de una ciudad enterrada similar a New York, hasta que descubre la estatua de la Libertad cubierta de arena, lo que le hace deducir que el planeta donde se halla es la Tierra y que él está en el futuro.


La descripción de la sociedad de los monos que se muestra en la película ataca las nociones de la superioridad humana. En particular, los prejuicios religiosos de los monos sobre los humanos, pueden ser interpretados como un ataque al creacionismo y a la idea de hegemonía de la especie humana en la Tierra.


Lo que causó controversia fue el mensaje de la película; después de una guerra nuclear en toda la Tierra la mayoría de los seres humanos o todos acabarían sufriendo un terrible retraso cultural hasta comportarse como animales y se presentaría la oportunidad de que la siguiente especie en la escala evolutiva se desarrollara hasta el grado de crear una civilización y dominar la tierra como lo hicieron los humanos, y estos últimos quedarían sometidos a la voluntad de los simios.


La película constituye una cruda y despiadada mirada sobre la naturaleza humana, capaz de conducir al exterminio a toda la civilización. Es importante, para comprender adecuadamente la temática del film, recordar que fue rodada en plena guerra fría, días en que la amenaza de un holocausto nuclear amenazaba a la población mundial en su conjunto a partir de la escalada armamentística de las, por ese entonces, dos superpotencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética.


La cinta “El planeta de los simios” filmada en el año 1968, nominada al Oscar en 1969 por mejor banda sonora y mejor vestuario, será proyectada por el cineclub “Oro negro” del FLS de la Sección 10 el viernes 8 de mayo en el auditorio de la sucursal transportes de la Sociedad Cooperativa de Producción del Frente Liberal sindicalista, situado en la calzada de los Petroleros s/n, (a un lado de la delegación de tránsito) colonia Petrolera de Minatitlán. La entrada es libre y para todo público.


Pies de foto:

01- Cornelius y Zira.

02- Linda Harrison como Nova.

03- Saliendo de la nave a punto de hundirse.

04- El coronel George Taylor.